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Vumbuilding & Kegel
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Entrenamiento del suelo pelvico para un placer maximo

8 Capitulos ~25 min de lectura Experto
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Capítulo 1
Anatomía del suelo pélvico
Anatomía del suelo pélvico y los músculos que se entrenan con los ejercicios de Kegel

El suelo pélvico es probablemente el grupo muscular más ignorado del cuerpo femenino cuando hablamos de placer. La mayoría de las mujeres nunca aprendió que esa especie de hamaca de músculos, escondida en la base de la pelvis, influye de forma directa en la intensidad del orgasmo, el agarre vaginal, la rapidez de la excitación e incluso la capacidad de tener orgasmos seguidos. Entenderlo es el primer paso para tomar las riendas de tu propio placer.

En esta guía verás qué es realmente el suelo pélvico, por qué importa tanto para tu vida sexual y tu salud, cómo localizar y entrenar los músculos correctos, cómo armar una rutina sencilla y qué errores conviene evitar. La idea no es complicarte la vida con teoría, sino darte algo que puedas empezar a practicar hoy mismo, en cualquier momento del día y sin que nadie se entere.

Qué es realmente el suelo pélvico

El suelo pélvico es un conjunto de músculos y tejido conectivo que se extiende como una hamaca desde el hueso púbico, en la parte delantera, hasta el cóccix, en la parte de atrás. Forma la base del torso y sostiene la vejiga, el útero y el recto. A través de él pasan tres aberturas: la uretra, la vagina y el ano.

Para la función sexual, los músculos más importantes son el pubococcígeo, conocido como músculo PC, que es el que aprietas durante un Kegel y el que se contrae rítmicamente durante el orgasmo, y el bulbocavernoso, que rodea la entrada de la vagina y participa en la respuesta del clítoris. A su alrededor trabajan otros músculos que dan estabilidad a la pelvis y aportan sensaciones más profundas. Funcionan como un sistema en capas: cuando uno se contrae, los demás lo acompañan. Por eso entrenar el suelo pélvico repercute en todo, desde el control de la vejiga hasta la calidad del orgasmo. Un suelo pélvico fuerte y bien coordinado no solo aprieta: pulsa, agarra y se relaja con precisión.

Por qué importa tanto para tu placer y tu salud

La relación entre la fuerza del suelo pélvico y la experiencia sexual es bastante directa, y además trae beneficios que van más allá del sexo:

  1. Orgasmos más intensos: el orgasmo se produce por contracciones rítmicas de estos músculos. Cuanto más fuertes son, más potentes y duraderas resultan esas contracciones.
  2. Más excitación y sensibilidad: el suelo pélvico ayuda a regular el flujo sanguíneo hacia el clítoris y las paredes vaginales, lo que se traduce en una excitación más rápida y una mayor sensibilidad.
  3. Más sensación durante la penetración: un suelo pélvico tonificado genera más contacto y fricción, de modo que tú y tu pareja sentís más.
  4. Más control y orgasmos seguidos: poder reactivar los músculos enseguida tras el orgasmo es la base de los orgasmos múltiples, y la capacidad de soltar de forma consciente te da control activo en lugar de un papel pasivo.
  5. Mejor salud íntima: el entrenamiento mejora el control de la vejiga, ayuda con las pérdidas de orina al toser o saltar y favorece la recuperación tras el embarazo y el parto.
Punto clave: el placer no depende solo de lo que te ocurre, sino de lo que tu cuerpo es capaz de hacer. Un suelo pélvico entrenado te permite apretar, pulsar, agarrar y soltar a voluntad, convirtiendo tu cuerpo en un instrumento activo de placer en lugar de un espectador.
Cómo encontrar los músculos correctos

Antes de entrenar tienes que sentir con claridad qué músculos vas a usar, y este es justo el paso que más gente se salta. La forma más fácil es imaginar que intentas retener gases o frenar las ganas de orinar: esa elevación interna que notas es el suelo pélvico. También puedes introducir un dedo limpio en la vagina e intentar apretarlo; si percibes presión a su alrededor, vas por buen camino.

La clave está en aislar el movimiento. El abdomen, los glúteos y los muslos deben quedarse relajados; si los aprietas, estás reclutando los músculos equivocados. Respira con normalidad mientras lo haces, sin contener el aire. Un buen truco es apoyar una mano sobre el vientre para comprobar que no se tensa con cada contracción.

Cómo entrenar y armar tu rutina

Una vez que localizas los músculos, el entrenamiento es sencillo. Lo importante es la constancia, no la intensidad, y que cada serie incluya tanto la contracción como una relajación completa:

Empieza con dos o tres tandas al día. Puedes hacerlas en cualquier sitio, sentada en el sofá, en el escritorio o en la cama, sin que nadie lo note. Si te cuesta acordarte, asocia las series a algo que ya haces a diario, como lavarte los dientes o esperar el café. La mayoría de las mujeres nota sensaciones más nítidas en dos o tres semanas y cambios de fuerza claros entre las seis y las ocho.

Errores más comunes

Algunos fallos hacen que el entrenamiento no funcione o incluso resulte contraproducente. Vale la pena conocerlos antes de empezar:

Una nota importante: esta guía tiene fines informativos y no sustituye el consejo médico. Si sientes dolor pélvico, molestias durante las relaciones o la sensación de que algo desciende, consulta a una fisioterapeuta del suelo pélvico antes de empezar. En algunos casos el problema es que el músculo está demasiado tenso, no demasiado débil, y entonces conviene centrarse en la relajación y no en el fortalecimiento.
Idea esencial

El suelo pélvico es un grupo de músculos interconectados que sostienen la base de la pelvis y que influyen directamente en el orgasmo, la sensación vaginal, la excitación y el control de la vejiga. Localizar bien los músculos, entrenar con contracciones lentas y rápidas, relajar tan a conciencia como aprietas y ser constante a diario es lo que da resultados, normalmente perceptibles en dos o tres semanas. Si te apetece convertir tu cuerpo y tu intimidad en un terreno de juego compartido, una partida de juegos para parejas o comparar deseos en una lista de kinks es una forma estupenda de empezar.